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La tradición de la monarquía
en Noruega cuenta con una variada y rica historia que
se remonta a más de mil años. En sus comienzos,
Noruega fue parte de una unión con Dinamarca
y luego con Suecia, hasta llegar a su independencia
y constituirse con su monarquía exclusivamente.
La historia de la monarquía fue desarrollándose
entonces con muchas historias y con
distintos niveles de protagonismo.
Para el pueblo noruego, la monarquía es sumamente
importante y todos siempre están al tanto de
lo que sucede en la actualidad y de su rico pasado.
Hoy en día, Noruega es una monarquía
constitucional con un sistema parlamentario de gobierno.
Las funciones del rey son principalmente ceremoniales,
pero al igual que en otros países juega un cierto
papel dando estabilidad al mapa político nacional.
La constitución, que data del
año 1814 otorga importantes
y decisivos poderes al rey de Noruega, la mayoría
son dirigidos por el consejo de estado. Este gabinete,
consta de un primer ministro y un equipo de expertos
nombrados por la corona. Un serio sistema en el
Parlamento, se encarga de que este consejo
sea aprobado en el Parlamento noruego, finalmente el
rey firma las leyes en lo que supone un formal acto
de apoyo.
El rey Harald es hijo del rey
Olav V, que nació en el año 1903
y vivió hasta el 1991. Su madre
era la Princesa Märtha, mujer que ascendió
el trono cuando su padre murió en la década
de los 90. El nacimiento de un príncipe es siempre
visto como un acontecimiento histórico por el
pueblo. Sin embargo, esta era una ocasión en
particular especial para la gente noruega cuando un
heredero del trono llegó al mundo el 21
de febrero de 1937. El príncipe fue
el primero que había nacido en Noruega y su figura
ha sido muy importante, en el sentido de que posibilitó
la línea de sucesión de la familia real
Noruega.
En Noruega existió un importante
debate popular cuando Olav anunció que Harald
quería casarse con una mujer que no tenía
sangre azul. Parte del establishment noruego y la clase
alta del país no vió con buenos ojos la
celebración de una boda con una plebeya.
Finalmente se aprobó el enlace después
de que el gobierno y los líderes políticos
de la nación dieran su apoyo formal.
Desde aquel día, la monarquía
noruega goza de una de las mejores situaciones
social-política de casi todo el mundo, con pleno
apoyo de su pueblo y gobernantes y dando cada día
más herederos que fortalecerán la tradición
de la antigua monarquía que
durante muchos años estuvo subyugada por países
limítrofes, dejándola a merced del recuerdo
y siendo meramente un mote decorativo de los libros
de historia.
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